Espérame en la brisa

  1. Espérame en la brisa
  2. Para ti
  3. Un sueño
  4. Se nos va todo
  5. Si No Fuera Porque El Vino
  6. Aquel Hijo Que No Tuve Contigo
  7. Romance
  8. En El Refugio Conoceré
  9. Amoreto V

10. Reminiscencia


1.  “Espérame en la brisa”

(Todos los derechos reservados)

Dalia Molina J

(Venezuela)

Tan sólo de pensarte

estoy muriendo en tus brazos,

algo mágico hay

que nos acerca

que busca en lo imposible…

lo posible.

Tan sólo de pensarte

escucho,

música de tu voz…

respiro,

de tu aliento…

Me envuelve

la dulzura de tu aroma

¡que importa donde estés,

puedo alcanzarte!.

Espérame en la brisa

en el crepúsculo

dame posada en tí.

Y no cierres…no cierres,

no cierres las ventanas

que en las noches de luna

cuando rendida al sueño…

Ella

mi alma

no sabrá de distancias,

no sabrá de imposibles.

Sólo sabrá de voces, aromas y ternuras.

¡De dulces madrugadas!.

Dalia J. Molina J.

2010 copyright © all rights reserved.


2. “Para ti”

Tomado del blog: Ninio Romántico


Para ti
todas las noches de insomnio
que pasé imaginándote entre mis brazos,
sintiendo tu respiración
infundiendo un último anhelo de vida a mi ser.

Para ti
todas las gotas de lluvia
que una vez cayeron sobre mí,
cuando mi alma te buscaba
por entre sombras y ruinas.

Para ti
los delirios vehementes
que conmocionaban mi razón
cada vez que sentía inevitable tu partida
sin necesidad que no estuvieras.

Para ti
los pétalos de todas las rosas
que arranqué de mi jardín,
que todavía se conservan entre esta carta
y guardan tu aroma.

Para ti
mi universo de estrellas
donde tú eres el sol
y mis ojos perdidos
en la dimensión de tu mirada.

Para ti
lo más importante:
mi vida
y con ella todo el amor
que jamás dejaré de sentir.


3.  “Un sueño”

Tomado del blog: Ninio Romántico


Las horas pasan y yo sigo aquí extrañándote.

Es como un vicio que me amarra a ti y yo sigo deseándote,
cuando cae la noche yo me imagino que estas conmigo,
tú me comienzas a besar, te juro que no quiero despertar
saber que realidad que es solo un sueño y que no te tengo…
solo abrazo la almohada y pienso en ti.


Te extraño amor, duele el no tenerte y solo en mis sueños verte…

4.  “Se nos va todo”

LunaMar

(Colombia)


Se va de ti mi cuerpo poco a poco…
mi cuerpo que algún día acariciaste…
Se va tu cara en un pedazo de papel pintada,
se van mis manos como leños secos;
se van tus pies como se va el tiempo.

¡Se va el amor, se va la vida, se nos va todo!

Se va tu voz, que sonaba a trinares
como canciones jamás escuchadas,
se van mis gestos que siempre tuviste
como mariposas de seda teñidas,
y se me va tu mirada que hoy tengo
como un poema copiada en mi mente…

Te vas de mí y no pude evitarlo;
como humedad de tu cuerpo que añoro…
me voy de ti lentamente en un sueño,
y de la piel ya muy pronto me borro…
y en mi memoria te vuelves como esos
que un día nacieron para conocerse.

Alma pura que no traspasaste…
y que quisiera tocar con mis manos.


Pasos que no podrán ya jamás encontrarse
en marchas perdidas que nunca más oigo,
¡y en tu gemir que retumba en la noche
como sonidos de mares remotos!

¡Se va el amor, se va la vida, se nos va todo!


5. “Si No Fuera Porque El Vino…”

Umm Al-Ala Bint Yusuf


Si no fuera porque el vino
es viral del amor y el canto,
juntaría sus copas y reuniría
todas las causas del deseo.


6. “ Aquel Hijo Que No Tuve Contigo”

Rafael de Leon


Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.


Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo un ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.


Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo,
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto,
y a mí… tal vez que saliera
en lo triste y en lo lírico,
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.

(…)

¿Te acuerdas de aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: ¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo! ?
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban en tu delirio.


Yo te escuchaba, distante,
entre mis versos perdido,
pero sentí por la espalda
correr un escalofrío…
Y repetí como un eco:
«¡Cuando tengamos un hijo!…»
Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.


Yo, arquitecto de ilusiones
levantaba un equilibrio
una torre de esperanzas
con un balcón de suspiros.
¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!


En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre azucena y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes,
qué sin gracia los vestidos,
qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!
Tu velo blanco de novia,
por tu olvido y por mi olvido,
fue un camino de Santiago,
doloroso y amarillo.


Tú te has casado con otro,
yo con otra hice lo mismo;
juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.
Ahora bajas al paseo,
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a… la levita
que se pone tu marido.


Te llaman doña Manuela,
llevas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.


Nos saludamos de lejos,
como dos desconocidos;
tu marido sube y baja
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana,
de un modo triste y ridículo.


Pero yo no me doy cuenta
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio.
Y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
un jazmín entre los dientes,
de color como el del trigo
y aquella voz que decía:
«¡Cuando tengamos un hijo!…»
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
«¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!…»


7. “Romance”

Rafael de León


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

En las sienes me latían
cincuenta y dos desengaños;
gris de paisaje en los ojos,
risas sin sol en los labios,
y el corazón jadeante
como un pájaro cansado.

Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

Te reventaba en la boca
un clavel de veinte años
y en la mejilla un suave
melocotón sonrosado.


Cuando dijíste:  «Te quiero»
fue tu voz igual que un caño
de agua fresca en una tarde
calurosa de verano.

Se me echó encima el cariño
lo mismo que un toro bravo
y quedé sobre la arena
muerto de amor y sangrando
por cuatro besos lentísimos
que me brindaron tus labios.

De la sien a la cintura,
de la garganta al costado.
¡Qué boda sin requilorios
sobre la hierba del campo!
¡Qué marcha nupcial cantaba
el viento sobre los álamos!
¡Qué luna grande y redonda
iluminó nuestro abrazo,
y qué olor el de tu cuerpo
a trigo recién cortado!

El pueblo, a las dos semanas
hizo lengua en los colmados,
en las barandas del río,
en la azotea, en los patios,
en las mesas del casino
y en los surcos del arado:
«Un hombre que peina canas
y que le dobla los años».

Es cierto que peino canas
pero en cambio, cuando abrazo
soy lo mismo que un olivo,

(…)


Que me escupan en la frente,
que me pregonen en bandos,
que vayan diciendo y digan.
Tú conmigo; yo a tu lado
respirando de tu aliento,
yendo al compás de tus pasos,
refrescándome las sientes
en la palma de tu mano.

Centinela de tus sueños,
hombro para tu descanso,
Cirineo de tus penas
Y San Juan de tu calvario
para quererte y tenerte
en la noche de mis brazos.

¡¿Qué importa que haya cumplido
cincuenta y pico de años?!
¿En qué código de amores,
en qué partida de cargos,
hay leyes que determinen
la edad del enamorado?

(…)


8. “ En El Refugio Conoceré”

Ligia Guillén


Al salir del sueño
caracol tierno y desnudo,
se me impuso
una envoltura
que no tendrá nunca mis medidas.

Sólo en la casa de los espejos
conoceré el aspecto de mi sombra
que llora porque me queda grande.


9.  “ Amoreto V ”

Ethel Krauze

(México)


Quiero ver en tus ojos el destello,
la inquietud de mi fibra, el rocío
en tus manos asidas a mi río,
el recodo en que habita lo más bello.

Quiero ser en la sangre de tu sello
hoja nueva en el vaso antes vacío,
ser, amor, tu sabor en el estío,
la delicia en el pulso de tu cuello.

Quiero andar tu sudor y tu saliva,
atreverme a probar el agua viva
que en tu beso refleja la dulzura

del estanque aromado y su tersura;
agua rauda y ardiente que cautiva
brillo de agua que colma mi hendidura.


10.  “Reminiscencia”

Meira Delmar

(Colombia)


Un breve instante se cruzaron

Tu mirada y la mía.

Y supe de repente

-no sé si tú también-

Que en un tiempo

sin años ni relojes,

otro tiempo,

tus ojos y mis ojos

se habían encontrado,

y esto de ahora

no era más que un eco,

la ola que regresa,

atravesando mares,

hasta la antigua orilla.

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